
El Siervo de Dios José de Jesús fue un Pastor abnegado, incansable y un modelo de vida porque supo darse a las gentes con toda generosidad que supone entregarse a Jesucristo, con su ardiente caridad, su sonrisa que reflejaba su intenso amor a Dios y a los hermanos.
Con las autoridades civiles fue mediador de paz y concordia; con los niños siempre fue un padre, imágen de Jesús, divino Maestro que dijo: "Dejad que los niños vengan a mi". Esto le movió a fundar su Congregación Religiosa de las "Hermanas Maestras Católicas del Sagrado Corazón de Jesús".
Supo interpretar las necesidades y esperanzas de los fieles y fue coherente con su forma de pensar y actuar, dando testimonio de su fe y confianza a Dios hasta en su última enfermedad.
Todo su trabajo episcopal fue tenaz esfuerzo para testimoniar el Evangelio con su vida y con sus enseñanzas para la defensa de la integridad de la fe en aquellos tiempos aciagos durante y después de la persecución antirreligiosa en México, con su ejemplo de oración y alentando a todos para acrecentar su confianza en Dios con grande fortaleza de que un día vendría la calma y la paz para México y reinaría Cristo Rey a quien aclamaban los fieles y a la Virgen Santísima de Guadalupe.
Alabemos a Dios por la exquisita riqueza de su testimonio y sabias enseñanzas.
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