
Monseñor D. José de Jesús López recibió la diócesis en un estado lamentoso después de 3 años de persecución de 1926-1929, por lo que vio que la reestructuración de la misma, debía comenzar por la pacificación de las conciencias, por la renovación de la vida religiosa en sus diocesanos, elementos esenciales capaces de restañar rencores y traer calma y fe en aquellos ánimos inquietos. Sin embargo, afrontó con entusiasmo y caridad el difícil asunto de renovación religiosa y valores perdidos.
Le cupo el honor de establecer la Acción Católica en su nueva modalidad con cuatro ramas y sus respectivos comités Unión Católica Mexicana, (U.C.M.), Unión Femenina Católica Mexicana (U.F.C.M.), Asociación Católica de Jóvenes Mexicanos (A.C.J.M.) y Juventud Católica Femenina Mexicana (J.C.F.M.). Así fue cómo convirtió la Acción Católica en pilar de la pastoral diocesana junto con la ONIR pasando luego a preparar dirigentes y militantes como conferencistas. A escasos dos meses de tomar posesión de la Diócesis instó a sus sacerdotes a organizar los grupos parroquiales, según los nuevos estatutos. Con mucho entusiasmo decía a los Comités Parroquiales: “Dando el primer paso cada Comité será un colaborador de la parroquia en el trabajo de organización de cada rama fundamental. Mons. López consideraría a la Acción Católica, institución nuclear de toda acción pastoral porque respondía a las circunstancias que vivía el país y a las instrucciones de la Santa S.
SEMINARIO. Por estar en tiempo de la persecución no había seminario edificio especial, andaban los jóvenes de casa en casa donde les hacían favor de prestarles alojamiento, pero siempre andaba el Sr. López, muy cuidadoso de la formación de los aspirantes al sacerdocio; iba todo los días a darles su plática y los estimulaba a amar su vocación. En una carta les decía así: Esta es la razón por qué la Santa Iglesia manda que, cuando los jóvenes aspirantes al Sacerdocio han marcado más sus intenciones y se aproximan al tiempo en que han de decidir sobre su elección de estado, quiere que dejen la vida de familia, que abandonen el hogar y formando una comunidad escogida, pasen sus días sujetos a una reglamentación adecuada, dedicándose de preferencia a ejercicios espirituales, frecuencia de Sacramentos, oraciones, meditaciones, y a otros actos de piedad; es decir, quiere que lleven una vida interior, una vida íntima con Dios, para que concienzudamente resuelvan y con toda libertad, si aceptan sobre sus hombros la pesadísima carga, que nadie podrá quitarles, porque con ellos irá hasta el sepulcro y hasta la eternidad. Estas singulares gracias Nuestro Señor no a muchas almas concede, sino tan sólo a los que ha escogido para sus altos fines.
LIGA DE RECÍPROCOS AUXILIOS ENTRE EL SEMINARIO Y LOS FIELES.
El Sr. Obispo en su esmero de atender al seminario en toda su estructuración, vio que el aspecto económica era apremiante por lo que fundó la Liga de Recíprocos Auxilios entre el Seminario y los Fieles, el 19 de febrero de 1930, la cual incorporó la Acción Católica. Se trataba de una institución caritativa, piadosa que tenía como objetivo formar conciencia en los fieles de la escasez de sacerdotes y su obligación para con el Seminario.
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